domingo, 6 de septiembre de 2009

La gran estafa de la intervención social 1ª parte

Cuando las desigualdades sociales se evidencian con mayor crudeza y los presupuestos sociales de la Administración se ven mermados, ¿cuál es el papel de los y las trabajadores sociales? ¿Ponen paños calientes o hacen efectivos derechos básicos? ¿Es un empleo con mayores implicaciones? ¿Hay margen de maniobra para una labor crítica?

Las diferencias sociales que genera el sistema económico imperante conllevan situaciones en las que muchas personas necesitan de la solidaridad del resto. Situaciones que no han pasado desapercibidas para el conjunto de la sociedad. De esta forma, a lo largo del siglo XX, fue surgiendo el concepto de “servicios sociales”. Sin duda, una conquista histórica del movimiento obrero que con su lucha arrancó concesiones y obligó a los Estados a destinar una parte importante del dinero público a las llamadas políticas de bienestar social, como forma de redistribuir la riqueza y garantizar así un mínimo nivel de vida a todas las personas. Ésta es la base ideológica del llamado “Estado del bienestar” que durante décadas imperó en los países capitalistas avanzados.

Este sigue siendo el concepto que sobre los servicios sociales impera en el ideario colectivo. Pero bajo el modelo capitalista, incluso los grandes avances sociales conquistados tras décadas de lucha, pueden verse distorsionados, hasta volverse en su contrario incluso. Ya hace mucho que el genio literario de Orwell nos advertía del peligro de perder el poder sobre el lenguaje, ya que pensamos (y por tanto actuamos) en base a conceptos lingüísticos. Y esto es lo que ha pasado con los servicios sociales: seguimos pensando en ellos en su concepto original, pero nos han dado el cambiazo al modificar sus funciones reales, sin que nos hayamos percatado siquiera.


Publicado en Diagonal. Septiembre de 2009. Número 108

Imagen de Google, autor desconocido.


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